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Notas de opinion de Julian Obiglio

Argentina luego de la confiscación

A

terrizar en Madrid treinta días después de que el oficialismo festejara con banderas gigantes, bombos y fuegos artificiales la confiscación de la empresa más importante de España en la Argentina, no resultaba del todo prometedor. Duros cuestionamientos y nutridos interrogatorios me esperaban por parte de mis interlocutores políticos, académicos y periodísticos españoles.

No sería fácil explicar que la confiscación y las formas que se habían utilizado para ello son una cortina de humo desplegada por el gobierno populista de Cristina Kirchner para esconder la errada política hidrocarburífera de los últimos nueve años, el desabastecimiento energético, el vaciamiento cómplice de Repsol YPF y la falta de inversión en el sector.

El tratado de protección de inversiones que Argentina y España firmaron en 1991 reconoce expresamente la soberanía de los países para expropiar una empresa de capital extranjero, pero dispone dos requisitos esenciales para ello: el pago de precio justo y la prohibición de que la medida sea discriminatoria. ¿Cómo explicar a los colegas ibéricos que solamente 32 diputados habíamos votando en contra de la violación de un tratado internacional?

La crisis que están viviendo Europa en general, y España en particular, recuerdan a cualquier argentino las penurias que sufrimos en 2001 y 2002 y los esfuerzos realizados para que nuestro país preservara las inversiones extranjeras que habían llegado a nuestra tierra durante la década previa. En ese momento España, conducida por José María Aznar, fue uno de los pocos países que no solamente mantuvo sus inversiones de la Argentina, sino que además nos prestó dinero y gestionó el apoyo financiero de los Estados Unidos. Frente a dichos recuerdos me resultaba muy simple imaginar el sentimiento de los españoles hacia la Argentina luego de la expropiación de uno sus símbolos empresariales, justamente en medio de una de las peores crisis de su historia.

¿Cómo explicar a quiénes comparten la visión de Iberoamérica como dos espacios socio culturales unidos por el Atlántico, que la Argentina es parte del mundo occidental? ¿Cómo sostener frente a las imágenes televisivas que dieron vuelta al mundo, que hay una mayoría de argentinos que respetamos la propiedad privada, cumplimos los contratos, creemos en la libertad, defendemos el estado de derecho, promovemos la libertad de prensa y valoramos las formas?

Explicar que existen otras ideas, otras formas y otros valores en la sociedad argentina y que no todo se limita al universo de Kirchner, coincide gratamente con la percepción mayoritaria de la sociedad española en general, y de su clase política y dirigente en particular. Es sumamente reconfortante encontrar en España ciudadanos y políticos de todas las ideologías especialmente comprometidos con nuestro país y es prácticamente unánime la distinción que realizan entre el gobierno y los ciudanía argentina, reconociendo en ella a un pueblo que sostiene los mismos valores y tradiciones occidentales de la democracia, la libertad, la ley y el estado de derecho.

Para la dirigencia española, tanto de derechas como de izquierdas, nuestro gobierno ha quedado inmerso en una zona de riesgo en la cual, con mayor o menor intensidad, se lo vincula al régimen chavista de Venezuela. Las consultas sobre violación de derechos individuales, controles cambiarios, ataques a la propiedad privada, persecución a la prensa, huida de capitales, intervencionismo estatal y concentración del poder, surgieron en cada uno de los interlocutores españoles.

Estos temores han hecho mucho daño a nuestro país y nos han colocado en el grupo de naciones poco confiables. Aquellas en las que los deseos del gobernante de turno, siempre con intenciones de eternizarse en el poder, se colocan por encima de la ley.

España y los españoles confían en que la sociedad argentina no ha olvidado sus orígenes, sus tradiciones, sus formas y su apego a la ley. Es tiempo de que los argentinos despertemos del letargo populista y demostremos que aquello es cierto.

Junio de 2012
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Julian Obiglio Fundación Nuevas Generaciones  
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Julian Obiglio