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Notas de opinion de Julian Obiglio

Empobrecimiento para todos

L

a decisión del Gobierno Nacional de estatizar el 51% del patrimonio de YPF correspondiente a la empresa española Repsol es, tal como lo había vaticinado el ministro de economía ibérico Luis De Guindos, una muy mala idea. Una idea demencial, para ser más estricto.

La nacionalización de la petrolera nos acerca cada vez más a la Cuba castrista, a la Venezuela de Chávez o la Belarús de Lukashenko; al tiempo que nos aleja y nos aísla del mundo libre. Lo más grave de todo esto, es que España nunca ha sido un país más para la Argentina. Una larga historia de amistad, solidaridad, respeto y fraternidad, nos ha unido por años. Décadas tiradas por la borda a raíz de una decisión intempestiva disfrazada de nacionalismo popular. Solo un disfraz. Porque no debemos engañarnos, nada tiene de nacional y popular desembolsar muchísimos miles de millones de dólares si con ello espantamos a todos aquellos que alguna vez pudieron haber estado interesados en invertir en nuestro país. ¿A quién le va interesar invertir en una Argentina en la cual la noción de propiedad privada es relativa? No es atractivo un país en el cual las reglas de juego cambian de la noche a la mañana, en desmedro no solo de aquellos que apuestan sus capitales en inversiones, sino de todos los ciudadanos que de a poco iremos padeciendo la destrucción de riqueza y la pérdida de mercados.

El gobierno nacional pudo haber utilizado otras herramientas y haberse valido de otros mecanismos al momento de replantear la situación de la petrolera en nuestro país. Más aún cuando el kirchnerismo ha tolerado, y hasta se ha beneficiado, durante más de una década con los negocios de Repsol en el país. ¿De qué otra manera podríamos definir lo que Néstor Kirchner hizo para que los otrora amigos Eskenazi, se hicieran de una importante porción de la torta accionaria? Se podrían haber renegociado acuerdos; reasignado áreas de exploración; incluso haber accionado judicialmente contra Repsol por el incumplimiento de lo que el gobierno hubiese consideradoadecuado. Pero no. Se optó por la locura, por lo que en el mundo ya no se hace más desde que desaparecieron los totalitarismos. Por lo que en definitiva, empobrece cada vez más a los argentinos, sometiéndolos a ser parte de una Argentina aislada, caótica y pueril.

Los argumentos que el gobierno esgrime como fundamento para la nacionalización de YPF, comienzan con la disyuntiva entre optar por el modelo neo liberal o el modelo de crecimiento con inclusión social. Cabe preguntarse aquí si el modelo de crecimiento con inclusión social, es el mismo que se aplicó al momento decidir la nacionalización sui generis de Aerolíneas Argentinas. Porque, ciertamente, es muy difícil de tragar el hecho de que una empresa manejada por el Estado se de el lujo de perder un millón de dólares por día, para brindar un servicio que dista de lo “nacional y popular”. Una empresa con un servicio que solamente beneficia a las clases pudientes y a los amigos del poder que quieren viajar gratuitamente al exterior para ver partidos de fútbol.

Llama también la atención la referencia que se hace en los fundamentos del proyecto de ley de nacionalización, a la participación estatal mayoritaria en 35 petroleras de todo el mundo. Ellas no son parámetro, ya que en su mayoría son son propiedad de los Estados.

Cabe por último analizar la constitucionalidad de la nacionalización de Repsol. Argentina y España firmaron en 1991 un tratado para la Promoción y la Protección Recíproca de Inversiones. Dicho acuerdo, ratificado en 1992 por la ley 24.118, establece en su artículo V que la nacionalización que alguno de los dos países adopte contra las inversiones de la otra parte, deberá fundarse en causas de utilidad pública y no ser discriminatoria. Existiendo otras petroleras operando en nuestro territorio, solamente se ha expropiado la porción accionaria de Repsol en YPF, y nada se ha dicho sobre los otros accionistas o empresas del sector. Una medida claramente discriminatoria.

Argentina, de la mano del sinsentido kirchnerista, ha demostrado una vez más su falta de respeto por los compromisos asumidos. El Gobierno, sin reparar en las consecuencias, se ha arrojado ciegamente hacia el vacío del aislamiento internacional y del empobrecimiento, aferrado a la bandera de un falso nacionalismo popular. Una historia que los argentinos hemos vivido con anterioridad, y que, lamentablemente, tiene un final ya conocido por todos.

Mayo de 2012

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Julian Obiglio Fundación Nuevas Generaciones  
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