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Notas de opinion de Julian Obiglio

La falsa discusión del privatismo vs estatismo

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ace pocos días se planteó públicamente en la política argentina una dura discusión entre los que sostienen que lo privado es superior a lo estatal y los que defienden lo contrario.

El tema se ha colado en la campaña legislativa y el Gobierno Nacional ha acusado a ciertos sectores políticos de querer avanzar con las privatizaciones hasta reducir al Estado a su mínima expresión.

Considero que esta discusión es falsa y alejada de la realidad, ya que se concentra únicamente en posiciones ideológicas irreductibles y se olvida de los hechos concretos sobre los que tienen que trabajar todos los días los gobernantes.

En mi opinión es imposible pensar en una hipótesis real donde el sector privado sea el responsable de brindar todos los servicios y bienes que un país precise, de la misma forma que es absurdo creer que el Estado podrá hacerse cargo de atender todas las necesidades de las personas. Lo que debe hacerse es trabajar sobre la realidad y resolver cada caso analizando lo que ella nos indique.

Ciertamente lo privado, en condiciones de libre competencia y libre mercado, naturalmente gozará de ventaja sobre lo administrado por el Estado y será más eficiente en la asignación de los recursos y en la atención de las necesidades sociales.

Ahora bien, habrá casos en que el Estado podrá buscar y alcanzar elevados estándares de eficiencia, pero no será gracias a las condiciones de libre competencia, sino que lo logrará gracias a las regulaciones y a los controles que sean ejercidos por los gobernantes y por la comunidad.

Así, será fundamental el funcionamiento de las instituciones y el respeto de las leyes. Si estas bases son dejadas de lado, cualquier iniciativa estatal rápidamente se transformará en un instrumento obsoleto, que únicamente buscará crecer para alimentarse de mayores recursos de los ciudadanos.

Si analizamos el índice de calidad institucional 2009 (http://works.bepress.com/martin_krause/37/) veremos que Argentina se ubica en el puesto 114, y que los primeros veinte lugares del ranking son ocupados por países como Dinamarca, Suiza, Holanda, Australia, Alemania, o Bélgica, que son países en los cuales la iniciativa privada no solamente convive con la estatal, sino que muchas veces se complementan y se potencian mutuamente.

Dicho índice, no mide la cantidad de empresas que son gestionadas por el estado vs. la cantidad de empresas privadas, sino que analiza los niveles de competencia, de corrupción, de cumplimiento de las normas, de existencia del estado de derecho, etc.

O sea que no analiza si predomina la gestión privada sobre la gestión pública, sino que mide si en el país se cumplen las condiciones básicas para que los negocios puedan desarrollarse y para que el Estado pueda ser eficiente en las áreas que administra.

Por ello en la Argentina la discusión debe ser dirigida hacia ese camino y no hacia el puramente dogmático. Más allá de sus preferencias ideológicas los gobernantes tendrán que convivir con emprendimientos privados y con administraciones estatales. El gran desafío será poder hacer eficientes estas últimas.

Para ello serán fundamentales los mecanismos de regulación y control, que claramente el Gobierno Nacional de nuestro país ha decidido dejar de lado. Así es como ahora tenemos aerolíneas que pierden más de un millón de dólares por día, o administradores de fondos de jubilaciones que prestan los ahorros de los ciudadanos a empresas quebradas, mientras paralelamente funcionarios reciben extraños pagos en los baños de sus ministerios, o viajan por el mundo en jets privados registrados en islas caribeñas.

Por ello, la discusión no debe ser si la administración privada es mejor que la estatal, sino determinar los criterios de eficiencia y control con los cuáles el gobernante debe juzgar el comportamiento de las empresas públicas.

Si insistimos en la discusión ideológica, caeremos en la trampa de aquellos que quieren continuar saqueando al estado y repartiendo dinero sucio entre los más humildes. Nuestras armas deberán dirigirse a poner en evidencia las ineficiencias y los atracos de las administraciones públicas. Y ello únicamente lo lograremos discutiendo sistemas de control y criterios de eficiencia. La ideología debemos guardarla para otras batallas.

Junio de 2009
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Julian Obiglio Fundación Nuevas Generaciones  
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Julian Obiglio