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Notas de opinion de Julian Obiglio

Cuando los valores si importan

E

stoy convencido de que en los últimos tiempos el relativismo ha invadido todas las esferas de la política argentina. Los discursos sosteniendo que todo vale lo mismo, que no hay unos principios superiores a otros, y que en todo caso debemos a adaptarnos a un buenismo que todo lo tolere y todo lo acepte, se repiten hasta el cansancio.

No estoy de acuerdo con esta posición y creo que la mayoría de nuestra sociedad, que comparte los valores occidentales y la cultura demócrata cristiana, tampoco lo está.

Definitivamente no es lo mismo defender la vida que aceptar el aborto; promover la libertad que callar ante el encierro de los que piensan distinto; defender a los niños que promover su adopción por parte de parejas integradas por dos personas del mismo sexo. No es lo mismo defender la institución y vida familiar que buscar su destrucción.

O promover el respeto por el esfuerzo y el trabajo, que la conquista de planes sociales para no trabajar. Como tampoco es lo mismo luchar en defensa de la propiedad privada, que mirar para otro lado ante la confiscación del fruto del trabajo ajeno.

Valorar la historia y sus enseñanzas es completamente distinto a despreciarla buscando reescribirla, distorsionando lo que han hecho nuestros padres o abuelos.

No es lo mismo procurar la unidad de los argentinos que promover su enfrentamiento y división. No es lo mismo trabajar mirando hacia adelante, pensando en el futuro, que hacerlo cargado de rencor por ideales pasados. No es lo mismo hablar de amor que hablar de venganza.

Promover y defender la noción de justicia, se enfrenta con la idea de desconocer la ley y a quien la aplica. No es lo mismo saber perdonar y ser compasivo que incentivar el rencor.

No es lo mismo tener fe que no tenerla. No es lo mismo considerar que el sacrificio siempre será de los otros, que aceptar que corresponde a todos por igual. No es lo mismo la ostentación que la sencillez y la humildad.

No es lo mismo creer que la igualdad de oportunidades es una herramienta básica para el desarrollo y la movilidad social, que aprovecharse de los que menos tienen para intentar ganar otra elección.

No todo es lo mismo. No es lo mismo tolerar la desnutrición infantil que proteger al niño y a su madre desde el momento de la concepción.

Algunos piensan que los políticos deben evitar definirse sobre los valores en los que creen y que deben sobrevolar todos los temas sin tomar posición firme en ninguno. Un relativismo moral perfecto. Bajo esta lógica siempre habrá tiempo para cambiar de opinión según lo que indiquen las preferencias de cierto sector social al que quiero conquistar.

Un error y un horror. Creo que justamente la sociedad está cansada del relativismo y requerirá a quienes quieran dirigir los destinos de su ciudad, de su provincia o de su país, que hagan pública su escala de valores. Que definan sus concepciones morales, religiosas, económicas y políticas en general.

Desde la posición frente a la vida, frente a la familia, frente a la niñez, frente a Dios, frente a la libertad, frente a la propiedad privada, hasta la posición frente a la prensa, a los principios del esfuerzo y el trabajo, al rol de su ciudad, provincia o país, ante la región y ante el mundo.

El relativismo político y moral está llegando a su fin. Estamos ingresando a toda velocidad a un momento de la historia de nuestro país en que la defensa de ciertos valores volverá a un nivel central.

Es facultad y deber de la sociedad exigir a aquellas personas y partidos políticos que quieran representarlos que se expidan concretamente sobre los diez o quince valores centrales que regirán su accionar en los cargos públicos que desean ocupar. La plataforma electoral y la declaración de principios partidarios, obsoletas debido al escaso control judicial, deben volver a ser elementos centrales en la decisión de los ciudadanos.

Si ello no sucede, amargas sorpresas tendremos cuándo encontremos votando a nuestros representantes a favor de más impuestos, de expropiaciones, de controles a la prensa, de contenidos escolares ideologizados, o peor aún, de la destrucción de la familia o de la interrupción de la vida.

Los valores sí importan. Hagámoslos valer.

Noviembre de 2010

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Julian Obiglio Fundación Nuevas Generaciones  
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Julian Obiglio