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Notas de opinion de Julian Obiglio

Argentina precisa una política aerocomercial

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asta hace poco tiempo, hablar sobre la política aerocomercial que debería implementar nuestro país, era un tema reservado a los usuarios habituales del servicio, o a los empresarios, políticos o funcionarios directamente ligados al sector.

Ahora bien, con motivo de la crisis de Aerolíneas Argentinas, y del pésimo servicio prestado por dicha compañía, se ha instalado en la conversación diaria de los argentinos el concepto de política aerocomercial, y las consecuencias que ella tiene sobre el desarrollo de nuestro país.

El transporte aerocomercial es un servicio público que debe ser garantizado y controlado por el Estado. La prestación de este servicio debe partir de una premisa fundamental: brindar a los usuarios un servicio moderno, eficiente y accesible económicamente, que comunique todas las provincias del país.
Es en base a este principio que el Estado Nacional debe desarrollar la política aerocomercial del país, o crear las condiciones necesarias para que ella se desarrolle.

En la actualidad el 84% de los vuelos de cabotaje, y el 40% de los vuelos internacionales son cubiertos por Aerolíneas Argentinas. Asimismo, y conforme datos públicos brindados por la Asociación Argentina de Derecho del Turismo, dentro del ranking de puntualidad, Aerolíneas ocupa el puesto 81 entre 90 compañías medidas en los cinco continentes. Esto es, el mismo nivel que las aerolíneas de Bangladesh, Etiopía, Libia y Argelia.

El objetivo de una política de transporte aerocomercial debe ser crear la mayor cantidad de oportunidades para los consumidores, para que estos puedan elegir los mejores servicios al mejor precio.

Evidentemente esto no está siendo cumplido por nuestro país.

Entonces, ¿cuál es el camino que debemos seguir?

Generar y permitir la competencia.

En primer lugar debemos salir de la falsa discusión sobre la conveniencia o no de una línea de bandera. El orgullo nacional no está en juego con una aerolínea, menos aún cuando la existencia de dicha aerolínea impide que la población tenga acceso a un transporte aéreo decente.

Una alternativa inteligente sería mirar fuera de nuestro país y aplicar lo que funciona en el resto del mundo, pensando en los próximos diez o veinte años, y no en los próximos seis meses. No tenemos que hacer experimentos. Ya ha quedado demostrado que ellos no nos llevan a buen destino.

La primera premisa será eliminar los monopolios artificiales, ya que ellos naturalmente generan abusos, servicios de pésima calidad, y corrupción. Los usuarios no pueden ser rehenes de una aerolínea, sino que deben tener la posibilidad de elegir precios, horarios, tipos de servicios, frecuencias, etc. Es obligación del Estado generar un mercado con competencia, que beneficie a todos los argentinos y no solamente a unos pocos.

Pero, ¿cómo se logra esto? Muy simple, debemos tener muchas aerolíneas volando por nuestros cielos. Ello inmediatamente nos brindará la variedad de precios, servicios y horarios que todo país desarrollado merece.

Para lograr esto el Estado debe permitir el ingreso de nuevos operadores al ámbito doméstico, sin importar la nacionalidad de las aerolíneas. El mercado aerocomercial debe ser libre y competitivo. La única restricción para la fijación de rutas nacionales e internacionales, número de aerolíneas, capacidad, frecuencias y tipo de aeronaves, debe ser el control de calidad y seguridad ejercido por el Estado.
La presencia en el país de más transportadores inmediatamente creará las necesarias condiciones de competencia que se requieren para mejorar y abaratar los servicios. Asimismo mejorará la seguridad de los vuelos, ya que con varias opciones disponibles, los pasajeros podrán escoger el transportador que estimen más seguro, provocando que las aerolíneas compitan entre sí para brindar la mejor seguridad posible.

Algo para destacar es que la Argentina no precisa requerir reciprocidad a las aerolíneas de otros países, que vengan a volar al nuestro. El único interés del Estado debe ser que la mayor cantidad de consumidores puedan hacer uso del transporte aéreo con las mejores alternativas y a los menores costos posibles. El centro de la política pública aerocomercial deben ser los consumidores, no las aerolíneas.

Ahora bien, ¿cómo lograr que muchas aerolíneas quieran venir a volar a nuestro país?

Requisitos para una lograr una política aerocomercial sustentable.

Si queremos que los usuarios tengan un servicio de primer nivel, precisamos que todas las aerolíneas del mundo compitan por venir a nuestro país. Para ello debemos cumplir con algunas reglas básicas del mundo civilizado.

  • En primer lugar debemos escapar en forma urgente y para siempre del sistema de precios controlados. Ellos deben ser determinados de la misma forma que sucede en el resto del mundo: por interacción de empresas y usuarios, sin perturbaciones ni injerencias fuera de los poderes de contralor propios del Estado.
    No es cierto que la liberación de precios provocará que ellos se disparen, sino que justamente sucederá todo lo contrario. En Europa existe libertad de precios y las aerolíneas de bajo costo representan el 35% del tráfico intra-europeo, y solamente en 2008 van a haber transportado más de 150 millones de pasajeros en 500 aviones. O sea que en Europa el 35 % de las personas viaja con precios de descuento!
  • En segundo lugar la Argentina debe permitir el libre flujo de capitales desde y hacia el o los países de origen de las empresas aéreas. En este sentido vale la pena reiterar aquí que el centro de la política pública deben ser los consumidores y no el ingreso de capitales.
  • En tercer lugar, el Estado deberá garantizar la estabilidad del régimen aerocomercial, ya que la previsibilidad es requisito indispensable para que cualquier persona o empresa invierta las millonarias sumas que son necesarias para iniciar la actividad en un nuevo mercado. Asimismo la renovación de permisos y concesiones no podrá depender de la discrecionalidad estatal, sino de parámetros objetivos, debiendo establecerse procedimientos transparentes y veloces para ello.
  • Finalmente, se debe eliminar cualquier tipo de traba o restricción existente para el establecimiento de oficinas en nuestro país, como para la promoción y venta de transporte aéreo, por parte de las aerolíneas extranjeras. Debiendo asegurarse asimismo el libre cambio monetario para la compra - venta de productos y servicios ofrecidos por las empresas.

Desarrollo de aeropuertos regionales.

La política comercial aquí descripta, que debería ser implementada urgentemente por nuestro país, no solamente brindaría servicios de mayor calidad y seguridad a los consumidores, sino que además aumentaría la frecuencia del transporte aerocomercial entre todas las ciudades de la República.

Esto es así ya que al brindarse libertad se promoverá y garantizará la comunicación aerocomercial entre las ciudades secundarias, apoyando y promocionando con ello el desarrollo económico regional.

Los aeropuertos regionales que hoy se encuentran absolutamente abandonados en nuestro país podrían ser puestos nuevamente en funcionamiento. Ellos son pieza clave para el desarrollo del interior del país, y tanto en Europa como en los Estados Unidos han tenido un éxito rotundo, ya que se encuentran menos congestionados, tienen menor tiempo de carga y descarga, menores costos aeroportuarios, y mayor libertad de acción para las aerolíneas de bajo costo.


Rutas no rentables.

El argumento usualmente utilizado por aquellos que intentan mantener a los argentinos en el subdesarrollo del mundo aerocomercial sostiene que en caso de aplicarse la política aerocomercial aquí descripta, las rutas no rentables (por ejemplo: Buenos Aires – Formosa, o Buenos Aires – San Juan) no serán cubiertas por ninguna aerolínea, y los usuarios de esas regiones permanecerán incomunicados.

Obviamente ello no es cierto, y la solución a este problema, es aplicada permanentemente en todo el mundo moderno.

Es aquí donde el Estado debe jugar y cumplir con su rol social y regulatorio. Si ninguna empresa solicita cubrir determinada ruta aérea que el Estado considere de importancia, lo que deberá hacer es convocar a una licitación pública para que dicha ruta sea operada con apoyo económico estatal, pero con el menor subsidio posible.

De esta forma el Estado aportará dinero para que dicha ruta sea cubierta de forma eficiente, con precios y horarios competitivos, mediante un servicio seguro y de calidad, y con el menor gasto público posible para el tesoro nacional.

En síntesis, se realizará lo que habitualmente sucede en los países serios y exitosos: se subsidiarán las rutas no rentables (hasta el momento en que ellas sean rentables y la competencia permita eliminar el subsidio).

En la Argentina en vez de subsidiar las rutas no rentables, subsidiamos a las empresas.

El rol de Aerolíneas Argentinas.

Para terminar me referiré brevemente al rol que debería cumplir Aerolíneas Argentinas en el mercado aerocomercial de nuestro país.

Esta empresa aerocomercial, mal llamada línea de bandera, se encuentra quebrada, con lo cual si aplicásemos en forma rigurosa la ley, debería ser liquidada, y la concesión de las rutas a ella asignadas, revocada por el Estado.

Ahora bien, esta empresa presta un servicio público y cuenta con una dotación de 9.000 empleados, que son ciudadanos argentinos y de aplicarse la ley, quedarían súbitamente desempleados. Por estos motivos, buscando soluciones concretas y reales a problemas específicos, el Estado debe cumplir con su rol social y actuar en consecuencia.

Ninguna solución será perfecta, pero sin dudas cualquiera será mejor que comprar la empresa quebrada y asumir pasivos por más de U$S 900 millones.

En este sentido, el Estado podrá crear una nueva empresa, donde se emplee a los 9.000 trabajadores, y se les brinde la posibilidad de trabajar en una nueva compañía libre de deudas y quebrantos.

Esta nueva empresa, que inclusive podrá llamarse Aerolíneas Argentinas mediante una simple expropiación del nombre, estará saneada y contará con las rutas anteriormente concesionadas a la empresa quebrada.

Ahora bien, desde el mismo momento en que la empresa sea creada, deberá comenzar a actuar en las condiciones de mercado descriptas a lo largo de este artículo, y adecuarse a la nueva política aerocomercial de la Argentina.

No habrá subsidios y la gestión deberá ser realizada con los mismos criterios de eficiencia de sus competidores, quedando desterrados los permanentes mecanismos monopólicos a los cuales se encontraba acostumbrada.

Por supuesto que también será momento para que nuestro país elimine las cargas tributarias que impiden a una aerolínea de capitales nacionales competir libremente con el resto del mercado. Para ser preciso, deberán ser eliminados los impuestos al combustible aeronáutico, y los correspondientes a la compra de aviones.

Así, poniendo a todos los actores en igualdad de condiciones, el Estado ejercerá su rol de autoridad de contralor que asegure la libre y leal competencia, y los controles de calidad y seguridad necesarios.
Con lo cual, la nueva Aerolíneas Argentinas, será una empresa más, compitiendo en un mercado aerocomercial, cuyo objetivo central serán los usuarios, y no las empresas. Un mercado donde se buscará crear la mayor cantidad de oportunidades para los consumidores, para que estos puedan elegir los mejores servicios, al mejor precio, con las mejores frecuencias, y la mayor seguridad.

Conclusiones.

El modelo propuesto es el que funciona en el mundo, pese a la crisis del sector aeronáutico y a los altos costos del combustible que existen en la actualidad.

La empresa europea RyanAir fue fundada en el año 1985 con una inversión inicial de un millón de libras. En el año 2000 tuvo 5 millones de pasajeros, transportando actualmente 50 millones por año. Tiene la flota más joven del mundo: 163 aviones Boeing, todos con menos de 4 años de antigüedad. Cubre 741 rutas en 26 países europeos. Tiene tan solo 5.000 empleados, es decir, menos de 30 empleados por avión, y más de 10.000 reservas por empleado. El salario promedio de sus empleados de es 50.000 euros anuales.

Miremos más allá de nuestras fronteras y apliquemos lo que funciona en el resto del mundo. Generemos las condiciones necesarias para el desarrollo de nuestro país, pensando en los próximos diez o veinte años, y no en los próximos seis meses. No hagamos experimentos con aviones de papel. Sabemos que su vuelo será muy corto.

Septiembre de 2008
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Julian Obiglio Fundación Nuevas Generaciones  
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Julian Obiglio