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Notas de opinion de Julian Obiglio

Brasil ¡¡¡¡ Qué Envidia !!!

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ace unos días viajé a la Ciudad de Brasilia junto con mi compañero, el Diputado Nacional Federico Pinedo. El viaje tenía tres objetivos fundamentales: el primero de ellos era que Pinedo, como Presidente del Bloque PRO de la HCDN tomara contacto con los presidentes de las distintas bancadas del Parlamento del país hermano. El segundo era que yo, como Presidente de la Comisión del MERCOSUR de la HCDN, estableciera contacto con los diputados brasileños encargados de esos temas.

En ambos casos el resultado fue sumamente exitoso y fijamos con los cuatro partidos más importantes de Brasil una agenda de trabajo parlamentaria conjunta.

Finalmente, queríamos ver en vivo y en directo el “milagro” brasilero, y analizar las causas que han generado los enormes avances políticos, económicos y sociales de nuestro vecino. Sobre esto es que transmitiré algunas vivencias y comentarios.

Mis sorpresas comenzaron en el viaje de ida. Para ocupar mi tiempo en vuelo fui repasando los últimos informes internacionales sobre Brasil. Entre ellos encontré las recientes declaraciones efectuadas por el multimillonario norteamericano Sam Zell, en una conferencia dictada en su país, en las que haciendo referencia a Brasil decía: “Ese país está camino a convertirse, dentro de 30 años, en una economía con mayor poder que la de China”. No creo, pensé para mi mismo, este hombre debe estar exagerando…

Llegamos a Brasilia con todos los periódicos locales destacando en su portada que Brasil había obtenido la categoría de investment grade. Esto es, ser catalogado por las calificadoras de riesgo internacionales como un país cuyas instituciones políticas y económicas reflejan la madurez y seriedad suficiente para permitir la inversión de los grandes fondos del mundo en sus bonos, y en el país en general.

En la región solamente contaban con este activo Chile, Perú y México. Ahora se suma Brasil a la corta lista. Argentina…por ahora ni cerca.

La obtención de esta categoría no es menor. Gracias a ella se calcula que Brasil recibirá este año la módica suma de U$S 50.000 millones en concepto de inversión extranjera directa. O sea, casi U$S 13.000 millones más que en el año 2007.

Nuestro país en cambio, recibió en el año 2007 solamente U$S 2.900 millones, y para este año se espera la pobre e irrisoria suma de U$S 1.000 millones.

Por otro lado, al leer los diarios también nos encontramos con que durante el año 2007 el mercado accionario de San Pablo es el que más había subido en el mundo, alcanzando un crecimiento del 72 %.

A lo largo de las reuniones con los distintos diputados y senadores que nos recibieron fuimos recopilando información de los avances obtenidos por Brasil en el área de los hidrocarburos. Allí pudimos constatar que las políticas en este sector habían sido consensuadas entre los distintos partidos, y que las proyecciones de producción petrolera superaban cualquier estimación publicada en nuestros diarios. El petróleo claramente es para ellos una política de Estado y sobre ella no se permiten discusiones ideológicas.

Continuando con nuestro recorrido nos explicaron que en los últimos cuatro años 80 millones de personas habían subido dos escalones en las categorías económicas (recordemos que Brasil tiene 180 millones de habitantes). O sea, 20 millones de personas por año mejoraron su condición económica en forma notable. Y ello no se produjo por la entrega indiscriminada de planes jefes y jefas de hogar, sino por la libertad económica, el buen clima de negocios, la apertura internacional y el crecimiento de la economía, que provocaron una mayor oferta de empleo, y consecuentemente un aumento en la calidad de vida de los vecinos brasileños.

Eran todas buenas noticias, estábamos realmente sorprendidos. Entonces comenzamos a preguntarnos cómo podía ser que ello fuera así, y que nuestro país, teniendo las ventajas que tiene, encontrándose pegado a Brasil, y compartiendo el MERCOSUR, no estuviese recorriendo el mismo camino.
Las respuestas llegaron solas:

Al reunirnos con los representantes del Presidente Lula en el Parlamento, y luego de haber avanzando en las cuestiones laborales que nos habían llevado hasta allí se nos consultó por el problema del campo argentino. Cuando explicamos la situación, la pregunta de nuestro interlocutor nos dejó paralizados:“¿Cómo puede ser que en su país todavía insistan con los precios máximos y el cierre de las fronteras? La historia del mundo ha demostrado que esos sistemas no funcionan! No comprendo por qué no se manejan con las reglas de mercado”.

Nuestro interlocutor pertenece al Partido de los Trabajadores (PT). O sea, al partido de los sindicalistas brasileños. Intenté imaginar a D´Elía o a Moyano diciendo esto, pero me fue imposible.

Solamente agregaré a ello que en la misma semana de nuestro viaje, y ante el incumplimiento de la Argentina en enviarle a Brasil el trigo que precisa para hacer su pan, nuestros vecinos, cansados de esperar la apertura de las exportaciones argentinas, abrieron sus importaciones al trigo de EEUU y Canadá. “No podemos seguir esperando, precisamos proveedores que cumplan”, nos dijeron.

En la misma línea, unos días antes el Presidente Lula había lanzado un programa de incentivos económicos que llevará a Brasil a triplicar la producción y manufactura de su país. La explicación textual no merece agregados: “El mundo está demandando desesperadamente lo que Brasil produce, entonces lo que debemos hacer es aumentar nuestra producción y exportar todo lo que podamos”.

Finalizaré con el segundo hecho que terminó de responder a nuestras preguntas. Una de las noches, y terminadas todas nuestras reuniones laborales, nos invitaron a asistir al debate público que realizarían un embajador representante del equipo de política exterior del partido de gobierno (Lula), y un embajador de uno de los partidos de oposición conservadores.

Dicho debate se realizó en el auditorio de una librería comercial, con entrada libre y gratuita al público. En el encuentro el representante del gobierno presentó abiertamente las líneas de la política exterior del Presidente Lula, y las confrontó en un diálogo respetuoso, con el embajador representante de la oposición. Luego se permitió al público realizar preguntas a los expositores.

Los dos representantes coincidieron en que ciertas cuestiones eran políticas de Estado y que no debían alterarse con los cambios de gobierno. En los restantes temas intercambiaron posiciones y no tuvieron problemas en expresar públicamente sus ideas.

Este evento terminó de brindarnos las respuestas que intuíamos, pero que no habíamos podido corroborar en forma directa hasta ese día.

Brasil crece económicamente, la sociedad brasileña aumenta su calidad de vida, y el panorama de los próximos años parece ser todavía mejor. No existen respuestas mágicas para esto. Brasil está aplicando políticas de Estado, sus dirigentes políticos y empresariales están preparados para cumplir sus funciones, entienden el sentido en el que gira el mundo, y miran hacia el futuro, no hacia el pasado.

Esto me da mucha envidia. ¿Se imaginan a los Ministros de nuestro gobierno debatiendo políticas de Estado con la oposición? ¿Se imaginan a los Diputados del Frente para la Victoria expresando que la solución es exportar en vez de poner retenciones móviles a las exportaciones? ¿Se imaginan a los piqueteros trabajando en lugar de estar cortando calles para que les aumenten los subsidios?

Brasil, ¡qué envidia que me das! ¿Kirchner se dará cuenta a tiempo que a quien debe imitar es a Lula y no a Chávez?

Mayo de 2008
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Julian Obiglio Fundación Nuevas Generaciones  
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