Julian Obiglio Julian Obiglio
 
Julian Martin Obiglio Perfil Actividad Legislativa Notas de Opinión Videos Prensa
 
 
Notas de opinion de Julian Obiglio

Participación política ciudadana

T

iene sentido participar en política? ¿Voy a poder cambiar algo o va a seguir todo igual? ¿No seré mal visto por el resto de la sociedad? ¿Acaso la gente no pensará que lo hago para obtener un cargo o privilegio especial?

Estas y otras son las preguntas que suelo escuchar cada vez que me toca dar una charla o conferencia sobre participación ciudadana. Obviamente las respuestas son variadas y extensas, y usualmente generan en forma automática otras preguntas ampliatorias de las primeras.

Por ello intentaré transmitir aquí por qué considero que la participación política ciudadana, no sólo es buena, sino que además es necesaria, y describiré asimismo, algunas de las opciones de participación que nos ofrece el “mercado” político.

Comenzaré afirmando que la participación de los ciudadanos en la política es una necesidad fundamental para garantizar el funcionamiento de nuestro sistema democrático republicano.

Todos escuchamos el grito espontáneo del pueblo que decía “que se vayan todos”, pero los que se han ido son realmente pocos, y los que hemos asumido la aventura de participar en la política somos todavía menos. Y una realidad se encuentra íntimamente vinculada con la otra: ¿por qué los que se han ido son pocos? Porque los lugares que nosotros no ocupamos, siguen siendo ocupados por los mismos. ¿Y por qué siguen estando los mismos? Porque los “nuevos” que hemos incursionado en la política, somos pocos.

Este es el primer argumento que tiene un ciudadano para participar en política. Sepa usted que si no se resuelve a intentar ocupar los puestos de decisión de la administración del país, habrá otro que seguirá estando allí en su lugar.

En segundo lugar, lo que uno debe preguntarse es: ¿acaso no debería ser tan destacable la labor de un buen Diputado, Senador, Ministro o Secretario de Estado, etc cómo la de un buen abogado, de un buen médico, de un buen ingeniero, o de un buen diseñador?

Evidentemente la respuesta es la afirmativa, o así debería ser. Lamentablemente en los últimos tiempos la realidad ha cambiado y muchas veces la actuación de los políticos suele ser vista con desconfianza, con enojo y hasta con descrédito.

Qué ha sucedido para que esta sea la realidad? No lo sé con exactitud y probablemente tampoco alcanzarían las hojas de este anuario para explicarlo. Pero en cambio sí sé qué debemos hacer para modificar esa situación, y lograr que el curso de las cosas tome el sentido contrario: Los ciudadanos debemos participar en política. ¿Cómo puede ser posible que los mejores profesionales, las personas de bien, honestas, preparadas y trabajadoras no estén manejando los destinos de nuestro país?

Estoy convencido que no podemos ni debemos resignarnos a que nuestros destinos estén en manos de personas a las cuáles no les confiaríamos la educación de nuestros hijos, la administración de nuestros bienes, ni la salud de nuestros padres.

Cuál es la solución: los ciudadanos deben volver a participar en la política. Debemos dejar de ser meros espectadores para pasar a ser jugadores. Debemos dejar de ser habitantes y pasar a ser ciudadanos.

Si no lo hacemos, las cosas no van a cambiar. Solamente se producirá una modificación de los nombres y apellidos de los responsables de las áreas de gobierno, pero el problema de gestión seguirá siendo exactamente el mismo, o tal vez, peor.

Sueño con ver a los mejores al frente de mi país. Los más preparados, los más honestos, los más trabajadores. Aquellos que no buscan cosas extraordinarias, sino las cosas más simples: un futuro previsible para nuestros hijos, vivir en paz, con reglas claras, con trabajo, con educación y salud dignas, con igualdad de oportunidades, con todas esas cosas que uno puede ver en España, Chile, Australia o Irlanda.

Sueño con encontrar a personas al frente de mi país que no inventen soluciones mágicas a los problemas de siempre, sino que apliquen las soluciones que han funcionado en el resto del mundo a los problemas concretos que presenta nuestro país.

No es cierto que estamos condenados al fracaso. Podemos convertirnos en una de las sociedades más prósperas del mundo, pero para ello necesitamos comprometernos un poco más. Somos muchos los que nos hemos decidido a dejar el sector privado y participar de la gestión pública, pero necesitamos ser muchísimos más, sino el cambio efectivo no sucederá.

Ya no alcanza con el voto que emitimos cada dos años. Es necesario aumentar el nivel de participación. Cada uno sabrá hasta dónde puede hacerlo, pero las opciones son variadas y las alternativas múltiples.

En primer lugar es necesario tener participación política efectiva. Ello implica afiliarse a un partido político. Al que usted quiera y con el que se vea identificado en base a sus proyectos y declaración de principios. Hay que dejar de lado los miedos. Afiliarse a un partido es tanto o más simple que elegir un equipo de fútbol.

Este es un primer paso central, ya que los partidos políticos son la base de nuestro sistema político. Los candidatos que uno elige cada dos años en las votaciones abiertas, son los candidatos que han surgido de elecciones internas dentro de los partidos. Por ello, cuando nos quejamos de no tener opciones para elegir, debemos tener en claro que ello sucede porque nosotros mismos no hemos participado en la pre-selección de candidatos que implica una interna partidaria.

Como he dicho, este es el primer paso. Luego cada uno decidirá hasta dónde participa, en función de su tiempo y de su vocación. Así se podrá intervenir en los equipos técnicos, generando propuestas de gobierno, o se podrá participar en los equipos de campaña, intentando difundir las ideas, o se podrá participar en las comisiones de trabajo legislativo, generando proyectos que luego se convertirán en leyes o resoluciones, etc. O sea, que el espacio de participación es sumamente amplio y con una gran variedad de opciones.

Al intervenir en estas actividades uno sentirá que realmente está aportado su granito de arena para el futuro del país, y realmente comenzará a vivir el accionar cívico de un modo mucho más intenso que el que venía desarrollando hasta ahora.
            
Es cierto que, por diversos motivos personales, no todos aceptan afiliarse a un partido político. Pese a que ello dejará esos espacios en manos de otros, para aquellos que mantengan esta decisión, existen otras opciones de participación.
            
Una de ellas es la colaboración técnica o administrativa con algún partido político, sin afiliarse.
            
Otra opción es la colaboración en organizaciones del tercer sector (fundaciones, ONG´s, etc), que participen en forma indirecta de la vida política, mediante programas de fortalecimiento institucional y otros similares.
            
Finalmente, también está la opción de brindar apoyo económico a los partidos políticos o a las organizaciones anteriormente mencionadas, confiando que ellas realizarán el trabajo que uno, por distintos motivos, no se encuentra en condiciones de realizar.
            
Para terminar, esperando haber transmitido con suficiente claridad las opciones de participación que tenemos, y retomando algunas de las cuestiones dichas al comienzo de este artículo: es necesario que aumentemos nuestra participación política y que nos involucremos más en el futuro de nuestro país. Si no pretendemos ocupar los espacios de gestión que determinarán parte de nuestro futuro y de nuestras familias, ellos seguirán estando ocupados por otros.
            
Debemos dejar de ser habitantes y convertirnos en ciudadanos. Tenemos que ser cada día más. No es tan difícil. En el resto de los países exitosos ello es lo usual. ¿Por qué nosotros no podríamos hacerlo?

Diciembre de 2007
[volver]
 
Julian Obiglio Fundación Nuevas Generaciones  
SEGUIME EN: Facebook Twitter Linkedin Youtube
Julian Obiglio