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Proyectos presentados por Julian Obiglio
Discurso del Dip. Obiglio en la sesión de reforma del mercado de capitales
21-11-2012
Sr. Presidente (Domínguez).- Tiene la palabra el señor diputado por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
 
 
Sr. Obiglio.- Señor presidente: los señores diputados Pinedo y Triaca han explicado las cuestiones técnicas de nuestro dictamen, así como también las razones por las que votaremos en contra del despacho de mayoría. Me referiré a algunos puntos conceptuales del proyecto, pues es necesario ponerlos sobre la mesa.
 
En primer lugar, estamos discutiendo sobre la regulación de un mercado, y pareciera que mucha gente tuviera miedo de hablar al respecto, como si el término “mercado” fuese malo o importara algún tabú. No se trata de la discusión “mercado versus Estado”, sino que estamos debatiendo cómo va a funcionar el mercado como mecanismo esencial de creación de precios.
 
En el mundo no hay economía, ni familiar ni municipal ni de lo que fuere, que pueda subsistir sin precios, ya que en tal caso daría lo mismo cualquier producto; es decir, sería exactamente igual que esta banca fuese de madera o de oro. Entonces, los mercados son absolutamente necesarios, pero debemos discutir cómo son regulados.
 
En consecuencia, en esta tarea de debatir en torno de la regulación del mercado de capitales, debemos considerar algunas premisas básicas: cómo lograr un mercado transparente, cómo hacerlo simple y cómo conseguir que crezca. El proyecto de ley en debate apunta a lo contrario: establece trabas y discrecionalidad en sus medidas, y menor transparencia. Cuando hay discrecionalidad, menor transparencia y trabas, justamente, los que hacen mejores negocios son aquellos que menos escrúpulos tienen. Cuando se trata de un mercado abierto, transparente, de libre acceso, todo el mundo puede participar y nadie tiene que estar dilucidando cuáles serán las reglas o si ellas cambiarán de un día para el otro.
 
Entiendo que definitivamente habría que trabajar en el establecimiento de reglas de largo plazo. No importa tanto si son las mejores o algunas no son tan buenas; para cualquier persona que va a invertir en un mercado, sea de capitales o de cualquier otro tipo de producto, lo importante es que esas reglas sean sostenibles en el tiempo, es decir, que se sepa que durante un largo plazo de tiempo no serán alteradas. Lo que destruye la economía y, al fin de cuentas, ahuyenta los capitales es la posibilidad de que las reglas puedan ser cambiadas de un día para el otro y que para algunas personas se apliquen unas leyes y para otras, normas diferentes.
 
Por medio de este proyecto de ley se concede muchísima discrecionalidad a la Comisión Nacional de Valores, y eso ahuyentará a muchos capitalistas que podrían invertir su dinero en los mercados de capitales.
 
Además de establecer las reglas el Estado, se debe potenciar la actividad privada, no restringirla, y el proyecto de ley en consideración achicará el mercado al provocar la salida de dinero. En las últimas semanas hemos visto que más de ocho empresas que cotizan en la Bolsa de Buenos Aires han pedido la salida de la cotización, porque justamente no confían en las normas que dictará la Comisión Nacional de Valores.
 
Veamos cómo funciona el mercado de capitales en la actualidad. No ha habido quejas alrededor de su funcionamiento; no he leído en los diarios, no he visto marchas de ciudadanos ni escuchado a los políticos quejarse sobre cómo funciona el mercado. Todo lo contario, en 2001, cuando los bancos se caían y la economía se despedazaba, el mercado de capitales autorregulado, sin la injerencia del Estado, se salvó de toda la crisis. No hubo ninguna corrida, los inversionistas no se escapaban de las acciones que tenían, con lo cual el mercado autorregulado subsistió perfectamente a esa crisis. Por eso no le encuentro sentido a esta regulación, con una injerencia tan grande desde el Estado sobre algo que funcionaba bien.
 
En el proyecto que se propicia aprobar hay algunas cuestiones que son extremadamente graves, como por ejemplo la posibilidad de sancionar a empresas sin respetar el debido proceso o sin el adecuado derecho de defensa. Si la Comisión Nacional de Valores decidiera fustigar o complicar a alguna empresa, la mera suspensión de la cotización de sus acciones prácticamente la haría quebrar, generando una marca en su historial que nunca más podría levantar. Además, esa empresa no puede defenderse ante un apercibimiento, sino que recién puede hacerlo luego de que ya se le aplicó la sanción. En mi opinión, esto genera una discrecionalidad muy grande, y espero que esto no esté puesto con nombre y apellido para hacerlo respecto de alguna empresa puntual.
 
En las bolsas y los mercados de capitales del mundo el poder de policía siempre está puesto sobre órganos independientes, ajenos al poder político. Nosotros estamos proponiendo exactamente lo contrario: le estamos dando al poder político todo el poder de policía, que hasta el día de hoy funcionaba bien en manos de los propios privados, que además estaban controlados.
 
Cabe aclarar que los mercados de capitales están controlados del mismo modo que las empresas que cotizan en ellos. Estamos pasando una enorme cantidad de facultades de la autorregulación privada a la regulación del Estado, sin parámetros homologables a lo que se hace en el mundo. Digo esto porque poco tiempo atrás, Perú, Chile y Colombia unieron sus mercados de capitales, establecieron reglas únicas homologables, que respetan los tres países, unificaron la cotización de sus empresas y aumentaron muchísimo el volumen de negocios.
 
Si la Argentina quisiera entrar en ese mercado común de capitales no podría hacerlo con este proyecto que se propicia aprobar porque no son normas homologables a las que funcionan en el resto del mundo.
 
Finalmente quiero referirme a dos temas relevantes. Una cuestión en verdad increíble es que se propicia quitar al fuero comercial de la disputa entre empresarios. La disputa entre aquellos capitalistas que invierten en los mercados y los organismos, o la disputa de los inversores entre sí, definitivamente deriva al fuero comercial, que es donde históricamente se han resuelto estas cuestiones. Se trata de los jueces que tienen el conocimiento, los antecedentes judiciales y la doctrina para resolver los casos. Quitarles esto y enviarlo al fuero contencioso no le veo ningún sentido. Sin duda,  va a generar algunos fallos que alterarán la jurisprudencia que tenemos hasta el día de hoy.
 
Otro tema que me parece importantísimo consiste en saber qué va a pasar con el Tribunal Arbitral de la Bolsa de Comercio, que es el más importante de la Argentina, el más destacado y el más utilizado para resolver litigios. Hoy en día este tribunal queda flotando en el aire. Lo que creo que hay que hacer -y espero que lo haga la Comisión Nacional de Valores- es asignarlo como tribunal propio para resolver todos los diferendos que se susciten de ahora en adelante.
 
Por todo lo expuesto, nuestro bloque va a rechazar este proyecto.

 

Período 130º - Reunión 20º - 17º Sesión ordinaria
21 de noviembre de 2012
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Julian Obiglio Fundación Nuevas Generaciones  
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Julian Obiglio